Habían pasado un par de semanas desde que la casa Winchester había recuperado una rutina que, aunque aparentemente normal, estaba cargada de silencios estratégicos y miradas que decían mucho más de lo que cualquiera se atrevería a pronunciar en voz alta.
Las vacaciones habían terminado.
Fred había regresado a la escuela con su mochila nueva, una sonrisa orgullosa y ese aire de niño brillante que siempre parecía ir un paso adelante del mundo. Denisse lo había acompañado el primer día, observándolo entrar al edificio con una mezcla de alivio y nostalgia. Le había prometido que seguirían con sus sesiones de refuerzo por las tardes, aunque ahora el tiempo sería más limitado. Él había asentido con madurez, como si comprendiera que los adultos también tenían batallas que librar.
Ella, por su parte, había vuelto de lleno a la empresa.
Y Noah también.
Externamente, todo parecía encajar. Reuniones, correos, llamadas, compromisos sociales. Dos profesionales exitosos colaborando en una asociació