La mañana avanzaba despacio sobre la ciudad, envolviendo el edificio con una claridad suave que no hería los ojos. Desde el décimo piso, la oficina de Denisse parecía suspendida en un punto exacto entre el ruido exterior y un silencio cuidadosamente diseñado. El tráfico se percibía como un murmullo lejano; un recordatorio constante de que el mundo seguía moviéndose incluso cuando ella se detenía a pensar.
El espacio había sido pensado para eso: para respirar. Madera clara en el piso, plantas al