El auto avanzaba por los largos caminos arbolados que llevaban de vuelta a la mansión Winchester. Después del desagradable encuentro en la tienda, Denisse viajaba en silencio en el asiento del copiloto, con los dedos entrelazados por la marca nerviosa que dejaban las uñas sobre su piel. Noah conducía con rostro severo, aunque su mano libre descansaba —sin darse cuenta— demasiado cerca de la suya.
No habían dicho una sola palabra desde que salieron del centro comercial. No hacía falta. La tensió