Noah despertó tarde, con un dolor pulsante en las sienes y la sensación incómoda de haber perdido algo importante. La habitación estaba en silencio, apenas iluminada por la luz grisácea de la mañana que se colaba entre las cortinas.
Pero no fue eso lo que lo desconcertó. Fue la impresión, vívida y persistente, de unos labios sobre los suyos. Un beso.
Uno que no recordaba del todo, pero cuyo calor seguía adherido a su piel como un eco imposible de ignorar.
Se incorporó, llevándose la mano al ros