Helena estaba ahí.
Alta, perfecta, vestida con un suéter beige que parecía haber sido elegido para combinar con la casa Winchester. Estaba de pie junto a Noah, demasiado cerca, con los brazos cruzados y una sonrisa suave en los labios, como si tuviera todo el derecho del mundo a estar en ese lugar.
Denisse se quedó paralizada en la entrada del vestíbulo con el corazón latiéndole en la garganta. Apenas hacía unos minutos estaba decidida a buscar a Noah para agradecerle —entre nervios y timidez—