El grito de Aurora se ahogó en la ventisca, absorbido por la inmensidad blanca que los rodeaba.
No sintió el frío de la nieve empapando sus rodillas cuando se lanzó al suelo junto a Lorenzo. Solo sintió el terror absoluto al ver al hombre indestructible derrumbado como una estatua derribada.
—¡Lorenzo! —Su voz era un desgarro—. ¡Lorenzo, mírame!
Él estaba consciente, pero apenas. Sus ojos oscuros estaban desenfocados, vidriosos, luchando por fijarse en el rostro de ella. Su piel tenía el color