El teléfono satelital inerte sobre la mesa se convirtió en el centro de un universo que se desmoronaba. Aurora se quedó mirándolo un segundo más, como si esperara que el aparato pudiera escupir más respuestas, más tiempo, más vida. Pero la pantalla permaneció oscura.
—Marco —dijo ella, su voz afilada por la necesidad—. Va a llegar. Dijo que estaba saliendo de la ciudad. Pero la nieve...
—La nieve lo va a retrasar —completó Marco, guardando la radio táctica y sacando su arma para comprobar el ca