La extracción de la bala había sido el final de la violencia, pero solo el comienzo de la recuperación.
Durante las siguientes cuarenta y ocho horas, la cabaña se transformó en un limbo silencioso donde el tiempo se medía en grados de temperatura y cambios de vendaje.
Lorenzo no había despertado del todo desde que Marco sacó el metal de su cuerpo, había caído en un sueño profundo y febril, su cuerpo fuerte luchando una batalla interna contra la infección y la pérdida de sangre.
Marco y Aurora