El amanecer en la montaña no tenía nada que ver con el de la ciudad. Allí, la luz llegaba en silencio, filtrándose a través de los pinos cargados de nieve y entrando por las ventanas de la cabaña como un invitado tímido y blanco.
Aurora se despertó con el olor a café y madera quemada.
Se estiró bajo el peso reconfortante de las mantas de lana, sintiendo que el frío de la noche anterior había sido desterrado por el sistema de calefacción que, tal como Lorenzo había prometido, había arrancado dur