Las semanas se deslizaron en la propiedad de las afueras con una lentitud monótona. El silencio ya no era siniestro, sino pesado, el ruido exterior se había desvanecido, reemplazado por la quietud constante de la seguridad extrema.
La vida se había convertido en una serie de rutinas estrictas, la única defensa que Aurora y Lorenzo tenían contra el fantasma del miedo que seguía merodeando.
Aurora se había convertido en la arquitecta de esa calma. Se enfocó en la educación de los gemelos, convirt