Aurora se movía por la casa con una sensación de déjà vu que le oprimía el pecho. Era la misma quietud opresiva que había precedido a la noche del secuestro.
Por la tarde, mientras pasaba tiempo con los niños en la sala de juegos, lo que había ocurrido en la mañana había quedado atrás. O al menos eso parecía.
Elisabetta dibujaba distraída, pero Matteo estaba callado, observando en silencio.
Aurora sintió una punzada de resentimiento. No hacía Lorenzo, sino hacia las sombras que él intentaba com