El eco de la violencia se disipó lentamente en el despacho, reemplazado por la voz autoritaria y controlada de Lorenzo.
—Matteo, saca esta basura de mi casa —ordenó, señalando con un gesto de desdén absoluto el cuerpo inconsciente de Mione—. No quiero que Valentina vea nada. Llévatelo lejos y asegúrate de que no vuelva a despertar. Nunca.
Matteo asintió. Sacó su teléfono y marcó un número rápido mientras dos de sus hombres de confianza entraban en la sala para arrastrar a Mione por la salida tr