El silencio que se había instalado en la cocina tras el portazo de Isabella era una calma tensa, la pausa de la tormenta, no su final.
—¿Te encuentras bien? —Lorenzo tomó el rostro de Aurora entre sus manos con delicadeza, ella asintió y él dejó un beso sobre su frente antes de besar su boca—. No volverá a gritarte, ni a faltarte el respeto.
Las palabras de Lorenzo le sacaron una pequeña sonrisa antes de ser ella quien lo besara esa vez, poniéndose de puntillas para estampar su boca contra la