Cuando Lorenzo regresó a la mansión, la tormenta aún no había terminado. Llevó a Isabella a una de las habitaciones de invitados para que descansara y luego fué a buscar a Aurora, quien estaba despierta esperándolo.
Ella notó algunos rastros del enfrentamiento de esa noche y Lorenzo sólo obedeció cuando ella le pidió que se sentara en el sofá de su oficina así podía curarlo.
Aurora se inclinaba sobre Lorenzo, la lámpara de mesa arrojando una luz cálida que contrastaba con el azote del viento e