En medio de la tormenta, no tardaron en llegar a un viejo motel del otro lado de la carretera. Parecía olvidado por el tiempo, pero allí nadie haría preguntas y, al menos por unas horas, estarían seguros.
—A la cama... —jadeó Lena, guiando a Matteo hacia el colchón hundido que dominaba el cuarto. Matteo se dejó caer sentado en el borde, incapaz de dar un paso más.
Lena se apresuró en cerrar con seguro y mirar tras la cortina para asegurarse de que nadie los hubiera seguido. Luego se acercó a M