Lena se había deshecho de la blusa elegante y los vaqueros de marca para enfundarse en lo que realmente la definía: unos pantalones negros ajustados, botas negras y una chaqueta de cuero que se amoldaba a las curvas de su cintura.
Matteo también había cambiado su ropa de hombre de negocios por unos vaqueros oscuros y una camiseta negra que se adhería a su torso ancho.
Cuando bajaron al garaje y se detuvieron frente al Huracán negro mate, Lena sintió un cosquilleo en las yemas de los dedos.
—¿Es