Lena tardó exactamente cinco minutos en ponerse unos vaqueros y una blusa de seda azul marino que Matteo le había comprado y que hasta ese momento no se había atrevido a estrenar. Se cepilló el cabello húmedo con urgencia, tratando de calmar el ritmo frenético de su corazón.
—Es solo su madre —se dijo a sí misma frente al espejo, aunque sus manos temblaban—. La madre del hombre más peligroso de la ciudad. Cálmate, Lena.
Respiró hondo y salió al pasillo.
Esperaba encontrar un ambiente tenso, for