La velocidad no era solo una cifra en el tablero, era una droga que corría por sus venas, más adictiva que cualquier sustancia que se vendiera en las esquinas oscuras de la ciudad.
Para Matteo Vitale, ese momento en el que el mundo se desdibujaba y se convertía en un túnel de luces y sombras era el único instante en el que se sentía verdaderamente libre.
Lejos de las responsabilidades de su apellido, lejos de la sombra de su padre y de los negocios turbios que controlaba. En la pista, él era u