El sonido del correo electrónico interrumpió la quietud de la noche.
Laila levantó la vista del cuaderno donde hacía cálculos de horarios y repasaba apuntes de la preparatoria en línea.
El reloj marcaba casi la medianoche, y la pantalla del viejo portátil iluminaba su pequeño cuarto con una luz fría.
El asunto decía:
“Sobre la entrevista.”
Frunció el ceño.
Durante un segundo pensó que era otro correo automático del restaurante, pero al abrirlo, la firma al final la hizo tensarse.
Marcus Blackth