Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche cayó sobre el departamento como un abrigo cálido. Las luces bajas iluminaban la sala con un tono ámbar suave, y el aire olía a té de jengibre y a las galletas que Melissa había insistido en hornear, aunque la mitad terminaron aplastadas por su entusiasmo.
Laila estaba recostada en el sofá, con una manta ligera sobre las piernas. Marcus había perdido la







