El aeropuerto tenía esa energía peculiar de los lugares donde la vida cambia sin pedir permiso. Gente corriendo con maletas, familias abrazándose, parejas peleando en voz baja, desconocidos mirando pantallas que dictaban destinos. Todo era ruido, movimiento, caos. Pero para Marcus y Laila, el mundo parecía avanzar más lento, como si el tiempo mismo los estuviera observando.
Melissa iba saltando unos pasos adelante, rodando su maletita rosada de unicornio, emocionada por su primer viaje en avión