Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl cuarto de Laila parecía más chico esa tarde. Las paredes angostas, la ventana pequeña con el vidrio temblando por el ruido de la calle, la cama sin cabecera, la cortina deslavada. Todo era igual que siempre, y aun así, todo parecía distinto. Como si el aire se hubiera llenado de una electricidad silenciosa que le erizaba la piel sin viento alguno.
Sobre el colchón, la ma







