Lysandra tardó apenas unos segundos en reaccionar.
No gritó. No corrió. No se dejó caer otra vez en el suelo. No podía, demasiados ojitos la miraban y esperaban su cuidado como siempre, el mantenerlos a salvo, o por lo menos aparentarlo.
Respiró.
Una vez.
Dos.
PUEDO HACERLO se dijo a sí misma.
Luego se levantó, con el rostro aún húmedo por las lágrimas, y caminó hacia el teléfono con pasos firmes. Nyra la miraba en silencio, los ojos enrojecidos, abrazando una de las mangas del suéter de su mad