Volvieron del cementerio en silencio.
La carriola doble avanzaba lentamente por el sendero de grava, las ruedas dejando marcas húmedas en la tierra reciente. Los gemelos dormían, ajenos al peso del día, con las mejillas sonrosadas por el aire frío y las manos pequeñas cerradas como si todavía se aferraran a algo que no querían soltar.
Nyra caminaba a un lado de Lysandra, sosteniéndole la mano con fuerza.
Habían dejado flores hermosas sobre la tumba de Bruma. Blancas, violetas, algunas silvestre