El aire en la habitación infantil todavía vibraba con la tensión cuando la puerta se abrió de golpe.
Lysandra Ardenne entró con el rostro pálido, los ojos encendidos.
En su mano llevaba un almohadón que no dudó en lanzar directo al pecho de Kael Vyron.
—¡¿Cómo me entero de que mis hijos corrieron riesgo?! ¿Te estás volviendo loco, acaso?
El impacto fue leve.
La furia, no. Ese sentimiento fue escalando.
Kael tomó a su hijo y sostuvo a Aiden con firmeza mientras el niño, ya despierto, lo miraba c