CARLA
Recibo la llamada que confirma que todo está preparado.
Sonrío.
Recorro la mansión de punta a punta, como si ya me perteneciera. Subo a la habitación de Adrián, me detengo frente a la cuna del niño y la observo unos segundos. No siento nada. Ni ternura, ni rechazo. Solo fastidio.
Luego me lanzo sobre la cama de él, inhalando su aroma, apropiándome del espacio.
Corro la cortina.
Y aparece la habitación de ella.
Es la primera vez que entro. Todo está demasiado ordenado, demasiado correcto. Reviso las gavetas sin pudor. Joyas. Oro. Collares con diamantes. Anillos que valen una fortuna. Tomo algunos y me los coloco sin culpa, como si siempre hubieran sido míos.
Me siento frente a su tocador y me maquillo con sus productos. Todos de alto costo. Sonrío al mirarme al espejo.
Recorro su armario y no logro comprender cómo una simple niñera puede tener ropa más cara que la mía. Vestidos, zapatos, bolsos… todo impecable. Todo nuevo.
La rabia amenaza con subir, pero la controlo.
Hoy no es d