CARLA
Recibo la llamada que confirma que todo está preparado.
Sonrío.
Recorro la mansión de punta a punta, como si ya me perteneciera. Subo a la habitación de Adrián, me detengo frente a la cuna del niño y la observo unos segundos. No siento nada. Ni ternura, ni rechazo. Solo fastidio.
Luego me lanzo sobre la cama de él, inhalando su aroma, apropiándome del espacio.
Corro la cortina.
Y aparece la habitación de ella.
Es la primera vez que entro. Todo está demasiado ordenado, demasiado correcto.