BIANCA
No puedo evitar reír con lo que Matthew cuenta. Es exageradamente expresivo; gesticula, cambia la voz, revive cada detalle como si estuviera ocurriendo otra vez frente a mí.
—Es que eso es ridículo —le digo entre risas—. ¿Cómo es eso de que intentaste esquiar sin saber frenar y terminaste llevándote por delante a un instructor… y a una señora?
Levanta las manos, defendiéndose.
—¡Fue un accidente! Nadie me explicó que girar era tan importante como avanzar. Yo solo bajé… y bajé… y cuando q