ADRIÁN
El día comienza con mi cabeza palpitando como si alguien golpeara desde dentro. Rafaela entra en silencio y deja los analgésicos sobre el escritorio. Me los paso con el agua de un solo trago, sin ganas de nada más.
Francis revisa los documentos frente a mí. Su expresión es tan seria como la mía. No dice una sola palabra mientras avanza página por página, hasta que llega al final. Entonces cierra la carpeta con lentitud.
—¿Me dices que todo esto lo encontraron anoche con Bianca? —pregunta al fin.
Asiento, haciendo girar el bolígrafo entre mis dedos.
—Bianca me ayudó al verme saturado. Había cosas que yo estaba pasando por alto… pero para ella no —admito—. Me dejó sorprendido. Tiene un cerebro brillante para los números. Incluso me atrevo a decir que me supera.
Francis ladea la cabeza, pensativo.
—Quién lo hubiera dicho… —murmura—. Solo necesitaba un poco de suerte en su vida para sacar provecho de todo su talento.
—Ahora necesito despejar la mente de todo esto —digo, apoyándome