Capítulo 17 – La noche que respira
La oscuridad no cayó: se derramó.
Primero fue el silencio —espeso, absoluto—, luego el murmullo de las velas apagándose una por una, como si algo las soplara desde adentro. El aire en la parroquia se volvió denso, casi sólido, y cada respiración parecía un esfuerzo contra una fuerza invisible.
Clara sostuvo a Isla entre sus brazos, pero la niña ya no era un cuerpo: era un temblor. Su piel ardía, las venas se marcaban en un tono oscuro bajo la superficie, y su