Capítulo 20 – Donde el polvo sueña
La niña creció sin nombre.
O, mejor dicho, con uno que nunca terminaba de pronunciarse del todo.
Los demás la llamaban “Lucía”, aunque a veces, en las noches sin luna, cuando el viento pasaba sobre el valle, se oía una voz que susurraba otro distinto: Isla.
Entonces ella despertaba con la sensación de haber olvidado algo sagrado.
Vivía en el borde del pueblo, en una casa pequeña con paredes de piedra. Nadie la había visto enfermar jamás.
Decían que hablaba sol