Capítulo 18 – Las voces del polvo
El suelo se abrió como una herida antigua, supurando oscuridad.
No fue un temblor, sino un gemido: el sonido de algo que llevaba siglos dormido bajo la piedra. Las bancas de la parroquia se deslizaron hacia el altar, arrastradas por un viento que olía a tierra húmeda y a hierro oxidado. El aire se volvió espeso, saturado de polvo y ceniza, y Clara sintió que cada respiración era como tragar cenizas de un incendio invisible.
—¡Padre Esteban! —gritó Alexander, f