Capítulo 23 – Lo que el mundo aprende a hacer solo
No hubo ceremonia.
Nadie anunció el día en que Lucía dejó el valle, ni se marcó en calendario alguno. No se encendieron fuegos ni se apagaron luces. Simplemente, una mañana, la casa de piedra amaneció cerrada, con el cerrojo puesto desde dentro por última vez. El polvo comenzó a asentarse en los escalones con una lentitud respetuosa, como si incluso él comprendiera que ya no había nada que custodiar.
El río siguió su curso.
El cielo permaneció