Aquellas palabras resonaron como un eco en la mente de Luna. Se quedó sin palabras, sus labios entreabiertos, sus ojos muy abiertos por la sorpresa.
Él siguió hablando, ignorando el temblor en su propia voz.
—No sé qué haría si te llegara a pasar algo. Por eso te pido… no, te suplico… que te cuides. Prométemelo, Luna. Prométeme que me llamarás si alguna vez sientes que estás en peligro. Prométemelo, por favor.
Luna parpadeó varias veces. Su respiración era agitada, confundida. No sabía qué pens