Aquel corazón humano frente a él acababa de decir algo que ningún alfa esperaría de una mujer como ella.
La miró fijamente, casi con respeto.
—¿No le temes a la muerte? —repitió, intrigado.
—No. —respondió ella sin vacilar, girando su rostro hacia la ventana, aunque su reflejo en el vidrio dejaba ver la sombra de su tristeza—. Cuando has perdido todo, el miedo deja de tener sentido. Aprendes a caminar sola, aprendes a no esperar nada de nadie… y la muerte… bueno, la muerte ya no me asusta tanto