Damián conducía con firmeza, su mirada fija en la carretera mientras se acercaba a la entrada del bosque. El silencio lo envolvía, pero dentro de él su lobo aullaba impaciente. Apenas llegó, detuvo el auto y lo apagó. Salió, y sin mirar atrás, se adentró en la espesura del bosque.
Con un solo movimiento, su cuerpo cambió. Su piel tembló y su lobo salió rugiendo desde dentro. Su transformación fue rápida, precisa. El gran lobo blanco como la nieve levantó su cabeza y aulló con fuerza. Era un aul