A la mañana siguiente, Damián estaba en su oficina. El ambiente era tranquilo, pero cargado de tensión. La luz del sol entraba por el ventanal, iluminando los muebles oscuros y elegantes que decoraban el lugar. Sobre el escritorio, un sinfín de documentos de bienes raíces y finanzas estaban desordenados. Damián los revisaba uno por uno; su ceño fruncido mostraba que algo no le cuadraba.
El silencio fue interrumpido por un golpe leve en la puerta.
—Adelante —dijo sin levantar la mirada.
La puert