Luna seguía de pie frente a la ventana, sumida en un torbellino de pensamientos que no la dejaban en paz. Sentía el pecho oprimido, como si el aire le costara entrar. La idea de que alguien hubiera querido matarla rondaba su mente con insistencia.
¿Por qué? ¿Quién? ¿Y para qué?
El sonido repentino de la puerta al abrirse la sacó de su ensimismamiento. Se giró con rapidez, sobresaltada. Era su tío, Marcos.
—Luna, hija… ¿Qué sucede? —preguntó con suavidad, al ver su rostro tenso—. ¿En qué piensas