Desayuno con verdades veladas
Luna descendía por las escaleras con su habitual elegancia. Sus tacones resonaban suavemente sobre la madera, y cada paso parecía calculado, digno de la empresaria que todos admiraban. Llevaba un conjunto de lino blanco con detalles dorados, que resaltaban su cabello rubio aún húmedo en las puntas. A pesar de su rostro sereno, por dentro, una tormenta de dudas se gestaba.
En la sala, Emiliano se levantó en cuanto la vio. Su sonrisa fue cálida, pero también contení