Nicola
Solo dejándome llevar por el impulso animal que me invadió, la rodeé con mis brazos y la levanté del suelo.
Valentina dejó escapar un grito, y se aferró a mis hombros, envolviendo sus piernas en mi cintura. Sus labios estaban tan cerca de los míos que casi podía sentirlos, pero no nos besamos todavía.
Apenas crucé la puerta, el aroma a pino y a la madera vieja nos envolvió. Había una chimenea en un rincón, unas cuantas velas sobre una mesa, y una cama grande cubierta con sábanas blancas.