Valentina
Nicola dejó escapar un bufido bajo, mirándome con el rostro fruncido aún sin decidirse si reír o estar furioso.
—¿Y crees que atarme a una silla es la mejor manera de recordármelo?
No le respondí, me limité a mirarlo a los ojos, mientras dejaba caer lentamente mi vestido. Quedando solo en mis diminutas y sexys bragas. Su mirada recorrió mi cuerpo con una intensidad tan aballasadora que sentí como si pudiera tocarme.
—¿Te gusta lo que ves? —pregunté, rozando la yema de mis dedos por su