En el camarote del barco.
Narella caminaba de un lado a otro, con el corazón desbocado y los nervios a flor de piel.
La madera del suelo crujía bajo sus pies descalzos, y el tenue vaivén del mar parecía no calmar la tormenta que sentía dentro.
El aire del camarote estaba impregnado de sal, humedad… y de algo más.
Algo que no comprendía del todo, pero que ardía dentro de ella como fuego líquido.
Quería escapar. Por un instante, pensó en abrir la puerta y correr, huir al frío del exterior, sumergi