Al día siguiente, la luz del amanecer bañaba los muros de piedra del palacio.
Eyssa despertó lentamente, con el corazón acelerado, como si su loba interior presintiera que los días de calma estaban a punto de terminar.
Aun con el cabello suelto y los ojos brillantes de expectación, recibió la visita de su padre, el gran Alfa Lucien.
El imponente alfa Lucien, que rara vez mostraba debilidad, la miró con una ternura que reservaba solo para ella.
—Hija —dijo, con voz grave y cargada de emoción cont