Heller la miró con ojos llenos de rabia, el ceño fruncido y los labios tensos.
Cada fibra de su cuerpo vibraba con la furia contenida, un torbellino de emociones que amenazaba con arrastrarlo por completo.
Eyssa permanecía frente a él, su semblante firme, aunque un brillo de dolor asomaba en sus ojos. El silencio entre ambos se hacía insoportable, como si el tiempo mismo se hubiera detenido para observar aquel instante fatídico.
La sacerdotisa rompió el silencio con voz solemne, serena pero carg