Heller sonreía satisfecho, sentado a la derecha de su hermano.
Ambos habían recibido la solemne bendición de los sabios, un rito ancestral que los preparaba para el vínculo conyugal y para el papel que desempeñarían en la manada.
Los ancianos habían invocado a la Diosa Luna, pidiendo prosperidad, descendencia y poder para los dos príncipes.
Pero mientras Hester escuchaba las palabras con reverencia, su corazón lleno de esperanza por el mañana, Heller solo pensaba en la venganza.
Cada frase de lo