El corazón de Elara dio un salto brutal.
¿Reina Luna? ¿Ella?
¿Después de todo?
¿Después de haber sido marcada por otro lobo, de haber sido rechazada con desprecio por el mismo rey al que estaba destinada?
Sus piernas se debilitaron y sintió que el suelo se tambaleaba bajo sus pies.
El mundo giraba demasiado rápido.
—No… no lo seré. —susurró con la voz hecha cenizas—. Déjenme partir. Él… el rey me odia. Me rechazó. No puedo quedarme.
Su mirada, empañada por las lágrimas contenidas, buscó algo de