Al día siguiente, la luz tímida del amanecer se filtraba en la casa de campaña, pintando con tonos dorados y plateados.
Alessander abrió los ojos lentamente, sintiendo el calor suave de un cuerpo junto al suyo. Giró la cabeza, y allí estaba Narella, dormida, con su respiración tranquila y un mechón de cabello cubriéndole parte del rostro.
Por un instante, simplemente la observó.
Recordó todo lo que había pasado, las batallas, las pérdidas… y sintió una paz extraña, como si aquel amanecer fuera e