Lucien avanzó por el pasillo que conducía al salón del trono. El eco de sus pasos parecía retumbar como un tambor de guerra en sus oídos.
Afuera, el cielo estaba cubierto de nubes oscuras, como si la misma naturaleza presintiera lo que estaba por ocurrir.
Frente a las puertas, dos guardias se cuadraron y, al verlo, golpearon con las lanzas en el suelo.
—Su majestad lo espera —anunció uno de ellos.
Lucien respiró hondo, sintiendo que cada inhalación le quemaba los pulmones. La tensión en el aire