Rhyssa abrió los ojos de golpe.
La luz tenue del techo la cegó por un instante, pero luego lo primero que vio fue el rostro de su tía Idaly, inclinada sobre ella.
Tenía el ceño fruncido y el alma temblando.
—Rhyssa… —su voz era casi un susurro trémulo—. Perdiste al cachorro. ¿Qué pasó? ¿Quién…?
La palabra “quién” quedó suspendida entre ellas como una daga flotando.
Rhyssa parpadeó. El dolor la atravesaba como fuego, pero fue el miedo lo que realmente la hizo llorar.
Lágrimas calientes corrieron