Una vez que estuvo listo, Jarek acarició con ternura el rostro de su hembra y besó su frente con devoción.
—Volveré pronto, mi amor… Te amo, nunca lo olvides.
Elara sintió que su alma quería retenerlo, abrazarlo con fuerza y no dejarlo partir.
Pero también sabía, desde lo más profundo de su ser, que el deber lo llamaba.
Proteger al reino, a la manada, era la carga que su destino, como Alfa le imponía.
Jarek salió con paso firme del dormitorio. En el pasillo lo esperaba la última cuadrilla de bet