—¡¡Usaste la sangre de mi Luna Dorada… en tu hija!! —rugió Jarek, con una furia tan desbordante que el aire mismo pareció estremecerse.
Su voz retumbó por todo el salón del trono como un trueno, haciendo que varios se encogieran en sus sitios.
Alessander se quedó paralizado. Sus ojos se abrieron con asombro, y su respiración se detuvo por un instante.
No entendía por completo lo que estaba sucediendo, pero sabía que aquello no era un simple conflicto... era una revelación que podía alejarlo o ac